domingo, 11 de enero de 2009

Capítulo 1.


Iniciamos la publicación virtual de la novela "Entre sabores y sinsabores". En el archivo que aparece a la izquierda de su pantalla se irá configurando el detalle de la estructura completa de la obra.
Se sugiere al lector seguir el orden cronológico que presenta el archivo.





1- Enero

Corría desenfrenadamente. La oscuridad y el sonido crujiente de la hojarasca me envolvían. Y corría más y más. Por detrás y a un costado
una hoguera crecía desmesuradamente, un ligero aire en movimiento atizaba el fuego que se extendía. ¿Infinitamente? Algunos reflejos brillantes nacían en medio del humo. Buscaba en esa carrera veloz un claro, más bien una cabina telefónica. Juan podría ayudarme, sin duda, es mi amigo, mi mejor amigo ¡Con él había compartido tantas cosas!
Me sentía jadear, el aire que entraba y salía de mí en esa respiración estrepitosa no me alcanzaba, el corazón latía fuerte, casi al punto de estallar y allí la vi, una luz tenue la iluminaba, ya casi tocaba esa bendita cabina que me conectaría con una voz humana “la de mi salvador”,
sólo restaba tomar el auricular y marcar el número. Juan me ayudaría. El siempre está…

Cuando se fue, no volvimos a vernos, sabíamos que para los dos el sufrimiento sería mayúsculo, insoportable, sin embargo sus últimas palabras fueron muy contundentes y creo en ellas, aún hoy, a pesar de los caminos que la vida tomó para cada uno de nosotros.

- Si alguna vez me necesitás, no importa cuándo, ni en qué condiciones me encuentre, mientras viva seré tu amigo incondicional, voy a estar a tu lado aún desde lejos.

A la hora 8 el viento sopla a una velocidad de 5.1 metros por segundo. La temperatura es de 17 ° C, con un punto de rocío de 15 ° C. La sensación térmica es de 19 ° C. La presión atmosférica es de…”

Abrí los ojos y los volví a cerrar. Me pregunté una vez más porque no programaba ese maldito aparato para despertarme escuchando a Enya. No obtuve ninguna explicación pero bastó esa fracción de segundos de abrir y cerrar los ojos para volver a mí y al hacerlo encontré a una Annabella ácida, taquicárdica, sudorosa, molesta, con un humor de lunes, aunque fuera … ¡Sí! Era miércoles, de eso estaba segura... Algunos dirían, justamente, un humor de mier… Pero yo no soy así, en general tengo un modo optimista de llevar la vida, al menos eso dicen mis amigas, las que me conocen bien y me ven regularmente después del mediodía.

“La humedad relativa es del 47.8%. En cuanto a la nubosidad, sin nubes por debajo de 1500 metros y sin presencia de cumulonimbos. La visibilidad global es mayor de 10 kilómetros.”

Busqué el control remoto, había quedado entre las sábanas, entremetido debajo de una de las almohadas .Conseguí enmudecer esa voz espantosa que me hablaba de humedad, cumulonimbos y otras pamplinas sobre la visibilidad global.
Asociando palabras, recordé cuan recurrentemente había discutido con Juan años atrás sobre el mundo global que nos toca vivir.
Unos segundos después logré el objetivo: imagen y voz habían desaparecido. Me sentí mejor haciéndome la firme promesa de poner remedio a esa tortura y acabar con el autocastigo matutino que me prodigaba en estrecha complicidad con TN.
Me acomodé en la cama y revisé en mi memoria prospectiva las ocupaciones del día que se iniciaba cuando repentinamente, sonó el primer acorde que anunció un mensaje de texto…Con un ojo medio abierto vi mi celular sin su funda sobre el pequeño mueble, cerca del espejo, depositado sin mucho esmero, incorporando el flujo del nutritivo 220 y alineado junto con las cremas de hidratación, la exfoliante, la tonificante, la antiage nocturna que me había olvidado poner la noche anterior, y por supuesto, la antiage día que me esperaba implacable. Cerré el ojo curioso y pegoteado y pude sentir mi cuerpo.. pesado, me estiré un poco, la ciatalgia de mi pierna derecha denotaba su presencia, recordé a mi amiga Hele quien con un tono entre genuino y burlón insiste en que la vida es así…


-Las molestias de nuestro envase, el cuerpo, nos acompañan, con mayor o menor intensidad
.

- Si tenés más de cuarenta años y te despertás en la mañana sin que te duela nada estás muerta!

Me parecía una aseveración muy fuerte, sobre todo la escuchaba exagerada desde que había adicionado varios años a mi cuarta década. Helena suele confortarme hablándome del alma, me explica que en ella encontramos a los instintos, a nuestros sentimientos y a todas las emociones que emanan de cada uno de nosotros, el espíritu por otra parte es, según mi amiga, representante de nuestra luz, racionalidad, fuerza, sabiduría, amor… nuestra potencia, una buena medida entre la omnipotencia y la impotencia. Siempre concluye su pequeña disertación diciendo que el alma es la conciencia del hombre y el espíritu ejerce una jefatura sobre el alma y la materia ¿Será así? ¿Entiendo lo que me dice?

Me sentí sacudir la cabeza, es un movimiento análogo a dar vuelta la página del libro de mis pensares y en ese viraje vinieron a mi mente otras escenas.

La noche anterior había sido ajetreada, Ingrid, nuestra “inge”, una capricorniana de pura cepa cumplió sus treinta y ocho y optó por festejar, a pesar de nuestras quejas, ese mismo día martes con cena y baile en un boliche, argumentando que los que están en enero en Buenos Aires vacacionan también.
Me sentía un poco atontada, pero sobrevivía y me esperaba un día “completito”. Un segundo mensaje de texto se anunció.
Sentí nuevamente la incomodidad, aún no estaba lista para comenzar “mis combates”. Juan volvió a mi cabeza y otra vez por vía asociativa, me llegaban oleadas de recuerdos. Su rostro, su manera de andar, su voz, sus palabras. Solía decirme poemas, recuerdo uno muy hermoso de Pablo Neruda que recitaba con voz fuerte y segura al irse en las mañanas mientras yo seguía remolona, acariciando las sábanas,

- Adorada, me voy a mis combates. Arañaré la tierra para hacerte una cueva y allí tu Capitán te esperará con flores en el lecho.

Aún resuena, el eco de su voz me impregna siempre…

Entorné los párpados y recordé mi sueño, la corrida, la búsqueda de un teléfono, el fuego inextinguible, el deseo de contactar con Juan, un sueño que volvía una y otra vez; imágenes oscuras me poblaban en forma insistente, angustiante, en las cuales perseveraba la promesa de que Juan vivía en mí, allí, como dijera un día Donna “en la otra escena, él está”.

En mi vida de vigilia sé que Juan está y sé también que si tuviera algún problema podría acudir a él, pero el Juan de hoy es distinto, ya no está solo. Alcanzó su anhelo de estabilizarse y formar una familia. Un ideal ambicionado y cumplido. Sé que él hubiera deseado que fuera conmigo, pero yo no pude.

Volví a entrecerrar los ojos, esta vez sentí en el gesto una mezcla de ¡qué vas a hacer, es así!

Comencé el memo repaso: A las 10:30 reunión con Patricia Santo, Pato como la llaman sus amigos y enemigos, no le hace honor a su apellido. De santa no tiene nada, más bien lo tiene todo de diábola, nombre interpretoriano con el que la hemos bautizado en nuestros momentos de habladurías trajinadas las que conformamos el grupo Entre6. Patricia se encarga de exportar los diseños de mi colección, una variada producción de artículos de vestimenta femenina que desarrollo desde hace once años. Nos encontramos en la vida golfista, aproximadamente hace cinco años, cuando Juan terminó conmigo o yo terminé con él, nunca supimos bien. Mis amigas, por esos días, me orientaron a que hiciera algún deporte tranquilo, que alivianara mi cabeza, que soltara mi cuerpo de una manera calmada, argumentaban que mi vida era demasiado tormentosa y la cuñada de Marina, Renata, golfista desde la etapa en que deambulaba con un chupete a cuestas, me introdujo en ese mundo que hasta hoy me sigue cautivando. Fue así como entró La Diábola en mi vida, algunas veces también la apodamos La Vampiro, sobre todo en los días previos de cada temporada de embarque de las mercaderías, momento en que discutimos los porcentajes por su trabajo como exportadora, ahí es donde muestra todos sus dientes y sus colmillos, es una verdadera chupadora, pero debo reconocer que, gracias a sus gestiones, mis diseños han llegado hasta lugares lejanos, jamás soñados por mí.

A las 12:30 Almuerzo con Donna en “el carrusel”, así le decimos a ese pequeño restaurante con pinta europea que frecuentamos desde hace mucho, aunque la última vez que estuvimos allí, solas, ya no lo recuerdo. La falta de tiempo en lo cotidiano nos priva muchas veces de encontrarnos en un íntimo Entre2 tantas veces como quisiéramos.
Donna Ricciardi es una del grupo, una de las Entre6. Nos conocimos hace más de 25 años, solemos reírnos diciendo a todas nuestras amigas que ya cumplimos las bodas de plata.
Cuando la vida propició nuestra intersección en el mundo yo había egresado recientemente del secundario y Donna, que es diez años mayor, ya había entrado y salido de su primer matrimonio, con un hijo en su haber. Un curso de italiano nos acercó y así comenzó nuestra amistad. Desde el comienzo fue para mí un claro modelo de identificación, Donna tiene una personalidad lógica y constructiva, es habilidosa, valiente, a veces intolerante o excesivamente cautelosa, no está dispuesta a dar un paso si no está segura de estudiar a fondo todas las emergencias posibles ¡Así es Donna!

A las 16:00 Sol y agua con Marina que retira a Francisco de la colonia en el mismo club al que pertenecemos y compartimos una merienda en medio de algún chapuzón.
Enero es un mes tranquilo. Si bien durante el año veo bastante a Franchu, mi ahijado, en general desde diciembre y hasta entrar al mes de marzo la frecuencia de los encuentros es mayor. Para su madre es un mes en que quedan a un lado los trámites en Tribunales y la atención en el estudio. Merin como acostumbramos llamarla, es “nuestra abogada” y es la que suele darnos cátedra sobre diversos asuntos: herencias, permisos para viajar con los chicos al exterior, separaciones, divorcios. Cuando abordamos los temas vinculados a las crisis de pareja nos desasna sobre diversos detalles que hay que observar para no terminar acostadas en el momento del reparto, no ya de besos y caricias como en otro tiempo sino de licuadoras, lavarropas, cuentas bancarias y otras cuestiones. Suele agregar con una gran sonrisa “¿Para qué se casaron? ¿Por qué no hacen como yo? Solterita, es la mejor manera para resolver los problemas legales cuando la cosa ya no va más, es la forma por excelencia para evitar un divorcio, no casarse ¡Chicas avívense!” La mayor parte de las veces termina la chanza con dos condimentos: por un lado enuncia una frase burlesca mientras mira a Donna, “ni los psicólogos la tienen tan clara” (nunca sé si lo dice por las tensiones que Donna vivió y aún vive en su propia existencia con ex marido y marido actual conflictivo o por su rol como terapeuta de parejas) y por otro lado nuestra Merin, avecilla de rapiña, dirige hacia mí una guiñada de ojo comprometedora , que me hace cómplice de algo de lo cual ni siquiera estoy segura ¿Qué pienso? ¿Qué quiero? ¡Qué mierda quiero!

Merin también es miembro del grupo desde hace aproximadamente diez años y su llegada a nosotras fue muy particular.

A las 20:00 masajista
A las 23:00 cena con Pedro en “Chez Antoine”

Volví a mí dejando en orden la agenda mental y miré el reloj que ya amenazaba con su aguja menor pasando el ocho y la mayor entre el cinco y el seis. Tomé entre mis manos la antiage, la abrí y comencé a aplicarla, vinieron a mi cabeza algunas de las indicaciones que Naomi, mi cosmiatra, me había dado, no debo estirar la piel de la cara, los movimientos deben de ser ascendentes, para cara y descendentes para el cuello, se deben utilizar las dos manos, dejando el frasco a un lado, el contorno de los ojos con ligeros “toquecitos” para no distender los tejidos… Sentí que era demasiado para mí. Siempre había sido estudiosa y exigente en todos mis emprendimientos pero esto era un exceso. Estaba empezando a pensar que las arrugas son una maravillosa evidencia de nuestra vida, de nuestro paso por el mundo, en fin, volví a mí, algo debía hacer para metabolizar en parte la culpa por no haber hecho la tarea prometida a mi cosmiatra, quien insiste sobre todo en la eficacia de la dosis nocturna porque es (me parece escucharla) “cuando la piel se renueva”. Y entonces me dije, salvemos lo que se pueda, la antiage diurna mostraba una etiqueta con letras doradas que a modo de salvavidas vinieron en mi auxilio y me infundieron seguridad, recordándome las bondades antioxidantes, reafirmantes, revitalizantes, regeneradoras y todos los re que se nos ocurra.
Me sentí mejor.
Caminé sigilosamente hasta la cocina, la construcción de un edificio en el contrafrente de mi casa me mantenía en alerta, dudaba si los cortinados estaban abiertos, no tenía intenciones de toparme con la mirada de alguno de los hombres que andaban colgados por los aires.
Cuando confirmé que las visuales estaban bloqueadas, me dije “No hay moros en la costa” y sintiéndome de maravillas con mi cara y cuello encremados entré a la cocina para preparar el matinal jugo de pomelo que bebí en tanto la tostadora y la cafetera hacían lo suyo.
Me sentí sonreír por haber traído a mi mente la frase “no hay moros en la costa” tan usada por mi padre y que, cuando niña, yo no entendía, hasta que una tarde de verano, tal vez un enero, papá me dijo que los moros eran los árabes que habían estado en España varios siglos hasta que, durante el reinado de los Reyes Católicos, fueron expulsados, me contó que antes de esa resolución, atacaban por sorpresa matando a muchos españoles. Por ello era necesario vigilar todo el tiempo para que el suelo español no fuera invadido y dominado, y, la frase con que se saludaban en el relevo era "no hay moros en la costa", que significa que no existe peligro.
Creo que esa debe haber sido la primera vez en que tomé conciencia de las enormes dificultades que hallaría en mi vida adulta, odié a los españoles por echar a los moros y odié a los moros por matar a los españoles. ¿La vida sería tan difícil? Más tarde y ciertamente con tristeza, lo comprobé.

Abrí la ducha en tanto mi cabeza ordenaba sus pensamientos de cómo vestirme y qué cosas debía llevar ya que no volvería hasta las 22:00 para ducharme nuevamente y volver a salir.
Eché un vistazo al celular que mostraba los pequeños sobrecillos de los dos mensajes recientes, el primero de Pedro.

"Chiquita nos vemos a la noche, te llevo el diseño que te dije, finalmente lo encontré en el consultorio y también las direcciones que me pasó mi hermana ."

Odiaba con toda mi alma que me dijera chiquita.Mido 1,71. Pedro hace caso omiso de mi talla y se refugia en un “te lo digo cariñosamente, sos mi chiquita” .
Con ese tipo de agregado siempre la empeora. Yo no quiero ser de nadie. Las chicas cuando perciben mi escozor me hacen bromas llamándome Leonor, como la protagonista de Señora de Nadie, quien, a pesar de vivir situaciones muy distintas, muestra algunos aspectos a través de los cuales, creo entrever que Leonor y yo nos hemos sentido traicionadas (en mi historia no hubo otra mujer, pero Juan, también en cierto modo me engañó), él sabía que yo nunca querría tener hijos. Sentí como la protagonista de la película que nuestros mundos estaban basados en mentiras.

El segundo mensaje era de lo que quedaba de la cumpleañera, que sin duda vivía la post guerra.

"El morocho de ojos grandes me hizo perder los estribos, todavía estoy un poco mareada por el naufragio que sufrí anoche...pero no me perdí de mí como otras veces ¿Será que a los treinta y ocho estoy más juiciosa?Acaba de irse, me enredé con sus hilos, pero ojo, no perdí nunca el carretel, jajaja ¿Entendés? Me voy a dormir.

Eran casi las diez, me asomé apenas por la ventana que da al contrafrente, corrí uno de los paños del cortinado, quería ver sin ser vista. Un sol esplendoroso lo cubría todo, tomé mis lentes de sol y después de verificar en las pantallas de mi computadora y de mi celular que no había cambios en la agenda del día, di el consabido portazo y comencé el camino hacia las cocheras. Mi humor estaba mejor. Ingrid, con su desparpajo y espontaneidad había puesto un granito de arena para mi sonrisa.
En el trayecto me acompañó el encargado quien corrió para darme el vuelto pendiente de las expensas y sabedor de mis apurones de siempre me puso al corriente de las últimas novedades del edificio haciendo un resumen muy preciso. Finalmente el pobre Nicanor y a fuerza de haberse quedado hablando solo tantas veces había aprendido a usar un pensamiento más sintético y de ese modo no quedarse con gran parte de lo que me quería transmitir. Era un hombre que escuchaba y podía aprender, me había llevado largo tiempo que cambiara su “señorita Annabella”, por un Annabella a secas, pero también lo había logrado .
Mientras pensaba esto sentí brillo en mis ojos y mi sonrisa emergió nuevamente .

-Gracias Nica, hasta la noche.

-Hasta mañana Annabella.

12:35
"-¡Ciao Bella! "
-Ciao Donna ¿Come stai?

Así empezamos siempre, muchas veces agregamos “tenemos que juntarnos y leer en italiano y hablar un poco para repasar y no perderlo”. Son deseos que persisten pero que no encuentran en la cotidianeidad que vivimos un espacio posible .

- Estoy bien, un poco cansada por el ajetreo de anoche, pero la pasamos lindo, Mauricio me dijo que te ve bárbara.

- ¡Ah! mirá, mi amigo Mauricio Vega, observándome, ¡quién lo diría! ¿tal vez preocupado por mí?

- No te burles,sabés que nos importás mucho, para nosotros sos como una hermana.

- Ya lo sé Dulce.

- Ingrid estaba espléndida. Espero que la haya pasado bien.

- Ni lo dudes (sonreí y la miré con ojos grandes y pícaros)

- ¿Qué sabés?

- Ah, no sé si debo…

- ¡Dale! Decime, bien sabés que a ella no le molesta

- Me mensajeó y supe que tuvo una noche movidita con el de la camisita fucsia.
Se ve que estaba repila escribió todas las palabras completas

- ¡Mirala! No pierde el tiempo, el pibe es un bombón. ¿Lo viste?

- Sí, lo vi

- ¿Viste a alguien más?

- No.

- El que estaba en la mesa de al lado, el de la punta, ése con un bigote prolijito y ojos claros, te miraba sin parar cuando saliste a bailar el tema Dile ¡qué ritmo! , ¡qué letra! justa para vos Te la cantaba especialmente Omar.
Y ahí nomás, Donna con su voz poco agraciada, se puso a cantar

“Dile que bailando te conocí. Cuéntale. Dile que esta noche me quieres ver. Cuéntale. Cuéntale que beso mejor que él. Cuéntale que te traigo loca.

- ¡Loca estás vos Donna!

- ¿Lo ubicás o no? ¿ése de remera amarillita? que habló dos o tres veces
por su celular.

- ¿Cuál, el de medias negras con una pequeña bandita verde?

- Ah... No me fijé.

- ¡Claro! está a la vista sólo te faltó eso. ¡Estando con tu marido!
¡una vergüenza! ¡Además no es Omar sino Don Omar!

- ¡Dai, dai! al susodicho lo observé por y para vos, te miraba a rabiar, te
comía con los ojos ¿lo viste?

- En verdad no, sabés que no tengo interés, si quisiera algo me lo busco sola, igual te agradezco Celestina (le hice una reverencia de cabeza con manos abiertas). Sabés que con Pedro, cuando estamos bien…

- Sí ya sé, cuando están bien, están bien. Es una verdad de Perogrullo. Mientras tanto ya hiciste un pase mágico y de morir de amor ahora vivís de amor…

(Donna hizo un silencio y por mi cara de pocos amigos giró su discurso y tomó por otra calle…preguntándose, respondiéndose, hasta que retomamos nuestro diálogo)

Así que mirá nuestra Ingrid, qué regalito de cumpleaños. ¿Será uso y descarto?

Veremos. En principio nuestra congenere de Entre6 tuvo una noche movidita.

¿Y vos?

- Yo tuve una mañana movidita con con La Diábola.

- Ah cierto que anoche querías irte temprano por eso. Y ¿cómo te fue?

- Ahí… qué sé yo, estaba chupadora, tal vez no tanto como la última vez. Arreglamos todo para el próximo embarque de acá a un mes.
Después me contó que hizo contacto con una agencia que, si bien es chica, parece que hay un interés mutuo, la experiencia de ella por un lado y la apertura de mercados nuevos, a los que La Diábola no puede acceder y que ellos podrían hacerlo por una relación con un tipo del gobierno… ¿Viste? cómo siempre. Me propuso que haga algo en cuero, en fin, no sé, veré, porque para mí es partir de otro lado, tengo que estudiarlo. Requeriría un taller especializado, costureras que manejen muy bien el cuero… no sé, no estoy con tantas ganas de explorar ese terreno que es difícil, vos sabés lo que cuesta conseguir gente que cumpla, además la inversión es mucho mayor.

- Sí lo sé ¿Y qué más?

- Contame algo vos.

- Pidamos primero. "Un filet de merluza con puré de calabaza".

- Yo, lo mismo, el puré de calabaza me gusta y también una ensalada de
tomate y huevo (agregó Donna).


- ¿Huevo? Si ya estás comiendo la proteína en el pescado.

- Bueno tomate y zanahoria.
¿No me vas a decir que no puedo pedir dos cosas color naranja?

El camarero nos miró a las dos, extrañado y dubitativo, sus gestos denunciaban que no se ubicaba, se lo veía huidizo y acomodando su pequeño anotador, el pobre no sabía si bromeábamos o estábamos discutiendo.
Conozco a Donna y sé que me lo dijo un poco molesta y con los ojos un tanto desorbitados, pero ni bien el camarero se había llevado la orden completa incluyendo las bebidas Donna ya estaba de nuevo en su eje. Ella es así nunca se enoja demasiado, tiene un lindo carácter y las cosas en general las dice con cierto tono histriónico que ha hecho que sus hijos la tildaran de artista afirmando que el mundo del arte se perdió una Anna Magnani.

- ¿En qué estábamos?

- En el huevo. (Me reí. Nos reímos).

- Me llamó Oscar, está enfermo, dice que quiere ver a su nieto y que Juan Pablo se la hace difícil.

Donna había conocido a Oscar cuando, trabajando como administrativa de una empresa de insumos médicos, debió ocuparse especialmente del reintegro de un tubo de oxígeno.
Oscar, jefe de otro sector, separado desde hacía tres años y muy seductor la conquistó desde el primer momento. Fue un amor a primera vista. Donna años más tarde parafraseaba diciendo “amor miope y vista distante”. Oscar, de su primer matrimonio que había durado cuatro años, ya tenía dos hijos, a los cuales veía de tanto en tanto. El segundo matrimonio tampoco duró mucho, Donna se separó de Oscar a los dos años de casados, estaba embarazada y una infidelidad que descubrió en aquellos días la llevaron a una terminante decisión. El hombre no luchó demasiado y fue así como mi amiga gestó, parió y crió a su hijo en la soledad peculiar que se tiene cuando familia y el entorno afectivo ponen todo lo que pueden para que se sienta un poco menos la presencia de una ausencia.
La vida le dio más tarde otra oportunidad…..Conoció a Mauricio en la facultad en un curso de post grado.

Mientras criaba a Juampi había retomado los estudios universitarios alcanzando la licenciatura en psicología, anhelo postergado desde muy joven. Sus padres la ayudaron en esta “travesía- hazaña” como la llama ella, no sólo acompañándola en los cuidados a Juan Pablo, sino con los gastos cuando “el vil metal”, como dice Donna, no era suficiente.
Sus padres pertenecían a una generación de hijos de inmigrantes, sus abuelos habían llegado desde Italia en 1924 y sus padres que sólo habían completado la escuela elemental llevaban el lastre de aquello que quedó inconcluso, insatisfecho, inadecuado, impropio y todos los “in” que se nos ocurra.
El abuelo de Donna hizo de la venta de carbón su fuente de vida y su padre, aunque no tenía más que sexto grado, fue empleado bancario. Alguna vez Donna nos contó, con cierta gracia, que si bien su abuelo se ensuciaba las manos con el carbón, su padre tenía que cuidarse muy bien de no ensuciárselas con el vil metal .Había escuchado a su madre tantas veces decir que el dinero es una mierda, y que eso de “Poderoso caballero es don Dinero” es un error de las letras españolas, que nos marcan aún hoy en este mundo globalizado, pero bueno...No toquemos el tema de la aldea global. En la historia de Donna al carbonero le siguió el bancario y luego vino la experta en la ecuación freudiana que retoma de alguna manera que el oro es el estiércol del infierno. De lo que yo estaba segura es que en la familia de mi amiga nadie se avergonzaba de su origen, drama sufrido por muchos que venían desde el viejo continente y que Florencio Sánchez llevó al teatro bajo el título de “Mijo el dotor”, pintando magistralmente los padecimientos de muchos inmigrantes que anhelaban tener a sus hijos profesionales.

Supe tempranamente, a través de la vida de Donna, de las dificultades de criar a un hijo sola y cuando Donna se impacienta porque yo no he formado familia y se pregunta si ella ha incidido, sin saberlo, en esto suelo decirle con tono socarrón:
- Donna, no dudes que has sido un ejemplo maravilloso en mi vida, del matrimonio me has
mostrado que es tan bueno que te casaste dos veces y de hijos, basta mirarte, has tenido
tres.Lo que pasó es que no me influenciaste, justamente, no te he seguido. He tomado otra
decisión, y la siento muy genuina..


- ¿Me escuchaste? ¿Dónde estás?
- ¡Sí Donna! Por supuesto, Oscar, Juan Pablo... Lo de siempre.
- Me pareció que estabas pensando otra cosa.
- ¡No, no! ¿Y entonces qué va a hacer Juan Pablo?
- No sé... Ya está grande, él también es padre; su mujer no se mete, por lo menos frente a mí, no
expresa nada, más bien dice que es asunto de Juampa y bueno… creo que está bien, él tendrá
que resolverlo.
- Este tema ya es añejo, la vida dirá…

- Y hablando de otra cosa ¿Vos tenés algún torneo?
- Puede ser, voy a ver, Renata me invitó para que vaya con ella, el fin de semana próximo, se hace en el Tigre, tengo ganas de participar. Relajo un poco mis pensamientos, está muy bueno… voy a ir.
- Te enganchaste con los palitos y las pelotitas.
- Ustedes lo lograron. Me impulsaron y bueno, me hace bien…
- Sabés lo que más me gusta y me divierte un montón es cuando me contás de los partidos,
como el otro día que diste ese golpe en el campo y “el nuevo” te miró, parece que estaba
bueno el compañerito de juego, me dijiste que tiene una mirada penetrante.
- Sí, puede ser, lo que pasó es que hice un putt con el putter, el palo, sobre el green.
- Ah, y después el de mirada intensa hizo un golpe fallido.
- Sí eso pasa, más cuando uno recién empieza, le pegó a la pelota en la parte de arriba y
entonces salió pero sin elevación.
- Ah, por ahí en otras cuestiones no falla, y en otros contextos eleva bien.
- No voy a entrar en esas pavadas.
- ¡Ajá! Te pusiste seria y eso que bailas twist mientras jugás.
- ¿Eh? ¡qué decís!, debes referirte al swing, que es el movimiento del palo para ensayar el golpe.
- Sí, ya sé, te estoy bromeando… Franchu, tu ahijado dice que el padre le contó que bailás twist
para jugar al golf.
- ¡Este Fabio González!
- ¡Tené un poco de humor por favor!
Le sonreí y finalmente las dos nos reímos. Siempre le digo que ha sido y aún hoy es una brújula maravillosa para buscar el norte de mi vida.
- ¿Qué? ¿Qué? ¡Una bruja!
- ¡No! Una brújula que me orienta en la vida. (Nos reímos).
- ¡Ah mirá! a veces acompaño en una Orientación Vocacional, pero vos hablás de
una orientación Vital. ¡Qué fuerte!

Encontrar a Do en mi vida había sido como el hallazgo de un cofre valioso, no estaba para nada de acuerdo con que “Lo que natura non da Salamanca non presta”, frase que con cierto sarcasmo y ojitos pícaros escuché de boca de mi padre, nunca nadie supo decirme claramente qué significa Salamanca en esa expresión, pero parece por algo que leí no hace mucho tiempo que este lugar español estuvo desde épocas lejanas relacionada con la magia. Hoy sé que en mi vida Donna oficia de maga, que con hechizos de amor, palabras cariñosas, tonos severos, algún enojoso comentario y hasta fuertes reprimendas me presta, me dona, me protege en el andar de mi vida.

- ¡Te dije qué fuerte! ¿Me escuchás?
- ¡Sí! Escucho. Te digo en serio… Sos mi cable a tierra, siempre me ayudás, sabés que mi vida es difícil, tortuosa, en fin sabés muchas cosas aunque yo no te diga palabra por palabra.
- Sí, lo sé lo que intento es que no te pongas tan rígida, que flexibilices un poco, además, las
palabras que faltan decir yo estoy tranquila porque tenés tu espacio con Lore para hablar,
llorar, elaborar. En tanto nosotras podemos divertirnos un poco, reirnos. Sabés que reir hace
bien al corazón.

-Sí, lo sé.
-Y como sigue el día?
-Bueno voy a buscar a mi ahijado a la colonia, después masaje y
finalmente cena con mi romeo.
- Ajá ... buen programa! Nos vemos pronto.Mandá saluditos a tu amado
amante.

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